Breve historia de la mitología griega

 
 
Nowtilus - Tombooktu (Verlag)
  • 1. Auflage
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  • erschienen am 18. November 2019
  • |
  • 384 Seiten
 
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978-84-1305-064-5 (ISBN)
 
Descubra el universo de mitos y leyendas de la cultura helénica, cuna de la civilización occidental. Un sinfín de aventuras legendarias, grandes epopeyas y hazañas imposibles protagonizadas por héroes, dioses, seres fantásticos y terribles monstruos. Tres mil años de historia desde las culturas minoica y micénica hasta la guerra de Troya, La Ilíada y La Odisea. Conozca la mitología de la antigua Grecia, el relato de la cuna de la civilización occidental, una singladura que nos traslada a un mundo que navega entre la mitología y la realidad, un mundo donde los dioses, héroes, hombres, y seres fantásticos convergen y conviven creando un legado para la posteridad. Breve historia de la mitología griega le guiará por el centro mitológico y religioso del Mediterráneo. El viaje comienza de la mano de la civilización minoica y micénica, y culminará con dos de las obras cumbres de la literatura y la mitología griegas La Ilíada y La Odisea. Descubre el comienzo del universo y de sus primeros habitantes a través de la Cosmogonía, conozca el nacimiento de la humanidad y de sus creadores, los Dioses Olímpicos. Viva grandes venturas y hazañas imposibles con sus legendarios héroes y reconozca los dioses, seres y monstruos menos que completan el firmamento de una de las mitologías más antiguas de occidente, la mitología de Grecia. De la mano de Rebeca Arranz Santos, autora de la obra y experta en el tema, descubrirá en un texto ameno y riguroso, todas las claves de los mitos, las hazañas heroicas, las grandes epopeyas, los cuentos y anécdotas de la evolución de cuantiosos pueblos semejantes que bañados por la historia y la leyenda conformaron el alma de la civilización occidental, Grecia.

Rebeca Arranz Santos es graduada en Historia del Arte y máster en Arqueología del Mediterráneo en la Antigüedad clásica. Es miembro del grupo de trabajo del Proyecto I+D+I de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Compagina su doctorando en Historia y Arqueología con su colaboración como profesora en el Centro de Estudios Artísticos Elba. Rebeca Arranz ha centrado su trayectoria en el estudio del arte antiguo, la mitología y la arqueología. Fruto de esta investigación ha publicado Breve historia de la Antigua Grecia.
  • 3,31 MB
978-84-1305-064-5 (9788413050645)
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Los dioses olímpicos


Los griegos creían que los dioses habían establecido su residencia en el monte Olimpo, en la región griega de Tesalia. En el Olimpo, los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad y poder, se movían con total libertad y formaban tres grupos que controlaban el firmamento, con el padre Zeus a la cabeza, el mar con su hermano Poseidón como gobernante y la tierra, con Hades como soberano. Pero también estos son dioses humanizados, y estos experimentan sentimientos tales como el amor, el odio y la compasión; y experiencias humanas como el matrimonio, la guerra y el placer. Lo que les diferencia de los hombres es su inmortalidad, su invisibilidad, su facultad de metamorfosis y su dominio del medio al que representan.

ZEUS, PADRE DE LOS DIOSES


Un gran número de poblaciones, desde los lugares más distintos del mundo, repiten en su religión una estructura mítica, la construcción piramidal de un dios del cielo a veces único y otras acompañado por otras deidades de menor rango. En muchas de ellas la idea de un Dios único parece absurda, ya que aún con todo su poder no podría controlar todas las necesidades humanas, de ahí que esta figura unitaria se vea completada por un conjunto de dioses que le acompañan.

En la primitiva sociedad griega, este esquema había quedado fielmente figurado en el enfrentamiento entre Urano y Crono. En el II milenio, con la asimilación de los dioses europeos, esta idea se fortifica, pues estos últimos están gobernados por Dyaus (su nombre significa 'el luminoso'), es decir, el Zeus griego. Dyaus es un dios que habría tenido ya una transformación previa, posiblemente nació como la deidad celeste del día, pero con su evolución fue adquiriendo otras particularidades y funciones más importantes, como la de ser el monarca de todos los dioses y como tal hizo suyos los tributos del rayo, y la lluvia. El primitivo Zeus fue entones el dios supremo de las poblaciones nómadas indoeuropeas antes de adentrarse en los Balcanes, lo que no fue una dificultad para que las poblaciones de la Hélade preindoeuropeas, quienes utilizaron los mitos del nacimiento y la infancia de Zeus en Creta conocidos en la religión minoica.

Pero estas no fueron las únicas excusas para forjar la imagen del dios Zeus en la población, además se le relacionó con otras deidades de tradición neolítica. Zeus en su perfil canónico será siempre asimilado como el dios supremo cuya simbología se atribuye a la realeza y al arquetipo de monarca absoluto en todas las épocas históricas. Como rey de todos los dioses actúa sobre las demás deidades como tal, se encarga de establecer las jerarquías y su palacio se encuentra en la parte más alta del Olimpo, donde comparte espacio con sus divinos compañeros; además es el encargado de sentenciar y ejercer la justicia entre la humanidad, pero también entre los seres divinos y mitológicos. Además de ejercer todas estas funciones, es también el dios del trueno, el relámpago y las nubes, y tradicionalmente también es el símbolo de la fertilidad masculina y, como tal, su función es la de fecundar la tierra. Más su faceta de fecundador también le convierte en padre, pero es concebido como un padre universal de todas las cosas y seres y, por lo tanto, simbólicamente es la imagen del cabeza de familia que desprende un régimen patriarcal.

Zeus parece ser el dios definitivo, pues en él se concentran las funciones y poderes más relevantes, llega a convertirse en un dios casi omnipotente, pues su poder llega hasta los lugares donde no tiene potestad, como el Hades. Hemos señalado su calidad de casi omnipotente y se debe a que este dios estuvo puesto en jaque por algunas deidades como las erinias, quienes libremente se permiten no responder ante él como ley suprema. Sin embargo, algunas corrientes filosóficas sí que otorgaron a Zeus el adjetivo de omnipotente, de este modo los filósofos estoicos preservaban la teoría de que bastaba solo con la figura de Zeus para que el universo se rigiera a través de sus poderes y leyes cósmicas.

Homero fue el encargado de redactar la imagen más perfecta e ideal de Zeus, el arquetipo que se repetirá incesantemente en la memoria colectiva, la imagen que ha llegado hasta nuestros días, esta imagen se lee en su obra Ilíada, en el contexto de la guerra de Troya en el episodio en el que Tetis (nereida) fue al encuentro de este para defender a su hijo Aquiles y dice así: «[...] halló al Cronida de amplia voz sentado aparte de los demás en la cumbre más elevada del enriscado Olimpo[...]»; continúa así tras las petición de la nereida: «nada respondió Zeus, el que acumula las nubes, y permaneció un rato sentado en silencio [...]». Supremamente, consintió a la petitoria de Tetis: «¡Asentiré con la cabeza, para que me creas! Entre los inmortales, esta señal mía es la prueba más segura, pues es irrevocable, no tiene engaño y siempre se cumple lo que garantizo con mi asentimiento».

Al contrario de lo que se podía esperar, crear un prototipo para Zeus fue una tarea que llevo un tiempo progresivo en el arte y la estética, aunque si es cierto que su concepción primitiva fue evolucionando con el cambio de los siglos y de las circunstancias histórico sociales. Durante el siglo VII a. C., encontramos a Zeus en asociación con Hera, la esposa real, en varias historias míticas, iconográficamente muy diferente en unos y otros: Zeus puede aparecer con el cabello largo, con barba o sin ella, y vestido con una túnica corta (propia de la juventud), aunque también se le encuentra con el manto sobre un solo hombro; portará sus atributos indistintamente, combinados o no: uno o un ramo de rayos, espada, cetro o lanza, y como animales se le asocian las aves (y en alguna ocasión es él mismo el que lleva alas), para remarcar su función de dominador del cielo.

En el siglo VI a. C., la concepción iconográfica de Zeus comienza a perfilarse un poco más, y a partir de entonces será un dios barbado y siempre ataviado con una túnica larga y casi siempre con manto (vestimenta propia de la madurez, nunca más será representado con túnica corta). Respecto a la actitud escenográfica que toma se bifurca en dos caminos: podemos verlo entronizado o en posición erguida, ambas serán válidas para su iconografía de soberano, pero la última por ser más dinámica se extenderá hasta el siglo V a. C., es la propia del Zeus Keraunios, donde desnudo, como un héroe o vestido adelanta un pie para simular la acción en movimiento, mientras que con el brazo contrario lanza un rayo con la mano por encima de la cabeza. Los atributos de este momento comienzan de igual modo a definirse, junto a él aparecen: el águila, el rayo o flumen (cuyo esquema varía dependiendo del artista que lo trate, puede aparecer: con un mango central, del que surgen, a menudo simétricamente, elementos centrífugos: durante el arcaísmo son simples conos o entorchados, inspiradas en esquemas florales; después, llamas combinando con fechas angulosas).

Fig. 11. Zeus Keraunios o Zeus empuñando un rayo, ánfora ática de figuras rojas, atribuida al pintor de Berlín (ca. 470-460 a. C.), Musée du Louvre. En esta representación, Zeus apunta su rayo contra un gigante que no aparece en esta imagen, mientras que su otro atributo, el águila, se posa sobre su otra mano.

En el siglo a. C., durante el Período Clásico, Zeus completa su iconografía, será vestido con un manto por encima de un hombro que deja ver la otra mitad de su musculoso torso; en las esculturas en las que aparece erguido se pierde el movimiento en acción del Zeus Keraunios y se coloca de pie sosteniendo el fulmen o el cetro, a menudo con el águila a los pies. Volviendo a las iconografías de Zeus entronizado, debemos señalar que será en este momento cuando se realizan las obras de arte más impresionantes que serán las referencias para la historia del arte posterior. Sus formas, proporciones y dinámicas fueron el resultado de obras como el Zeus de Olimpia, obra de Fidias que nos describe Pausanias con todo detalle y de ella dice que tenía: cabellera, trono y manto, que en una mano portaba el cetro, aunque en otras ocasiones aparezca representado con una escultura de la Nike en la mano y la corona de olivo que porta, lo que puede interpretarse, sobre todo, como referencias concretas a las competiciones olímpicas que se celebraban en esta ciudad, Olimpia. Después del siglo v a. C., la figura de Zeus quedará inamovible, solo en algunas ocasiones se agregarán algunas ideas o atributos más a esta forma iconográfica definitiva, como pueden ser la de Zeus montado en un carro o, como se llegó a plantear en el Helenismo, en una fantasía maravillosa, se le representa encima de un águila como cabalgadura.

Los atributos también se van a volver a diseñar a través de una fórmula definitiva que se establece en el Período Clásico que se arrastrará hasta el Helenismo sin apenas modificaciones. Ahora, además del fulmen y el águila, se le van a agregar como símbolos de poder el cetro y el roble (un árbol que atrae al rayo), este será también muy significativo por su utilización como oráculo de Zeus en Dodona, pues gracias al movimiento de sus hojas los sacerdotes escuchaban los augurios del dios supremo. Además, con las hojas del roble se pueden hacer su corona y entrecruzar estas...

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